5. Aspectos de la prevención

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Prevenir es actuar, tomar precauciones o medidas por adelantado para evitar un daño, un riesgo o un peligro, que pueden ser negativos para la integridad de una persona.

“Para cuidar, hay que estar presentes. Sin tensión ni miedo, pero con atención y dedicación. La prevención y el cuidado son activos, proactivos. Se requiere constantemente una actitud despierta, consciente y dispuesta a la acción. El cuidado es anterior a todo, y la prevención es parte del cuidado. Aquí no caben improvisaciones: es preciso planear, preguntarnos cómo lo haremos, pedir apoyos, leer, conversar, no temer nombrar lo difícil, decir verdades, preguntar lo incómodo. No se arriesga la inocencia de nuestros niños por hablar; se arriesga en el silencio y la omisión” (Vinka Jackson)16.

Es tarea de todos en la Iglesia, cada uno según su vocación y responsabilidad acompañar y cuidar a las personas, con especial esmero a niños, niñas y adolescentes; velar por ellos, por su buen trato con el mantenimiento de límites claros y saludables. Es sabido que cuando los límites personales físicos o psicológicos son quebrantados, se producen situaciones de riesgo para las personas. La invitación es a instalar medidas de seguridad de forma permanente en el accionar habitual, para reducir al mínimo la ocurrencia de sucesos que atenten contra la dignidad de las personas.

Cada comunidad es única, distinta de otra, no sólo por su infraestructura interna y espacios que alberga, sino por las personas que la conforman y por el entorno en el que se sitúan. De acuerdo con las características particulares de cada realidad, será preciso abordar con la comunidad diocesana un Plan de Prevención, cuyos criterios este documento busca orientar. Este Plan realizado a través de un proceso reflexivo y participativo, permite construir relaciones e interacciones que favorecen “la prevención y el cuidado de todos”.

Niveles de Prevención

Hay una “prevención remota” o “prevención general” que funciona a varios niveles: de los menores; de los adultos que viven o trabajan con niños y jóvenes, de los valores y las normas sociales, de la legislación y de las actitudes y estructuras.

En este marco, es importante un proyecto educativo que apunte a la construcción de una personalidad sana y autónoma; el fortalecimiento de la familia; ayudar al establecimiento de vínculos sanos entre padres e hijos: vínculos que den a los hijos confianza en sus padres, seguridad de contar con su apoyo y protección, que refuercen conductas adecuadas.

Parte importante de esta prevención general es crear programas de formación en la afectividad y la sexualidad con personas competentes que lo lleven adelante, que busquen ayudar a los niños, adolescentes o jóvenes a vivir esta dimensión de la persona con responsabilidad y dominio de sí.

La prevención del maltrato infantil en sus diversas manifestaciones puede abordarse en tres niveles: prevención primaria, secundaria y terciaria.

Prevención primariaPrevención secundariaPrevención terciaria
ObjetivoEvitar que el fenómeno ocurra.Detener el fenómeno en sus fases iniciales.Amparar a la víctima, minimizar los efectos futuros y reparar los daños sufridos.

Prevención primaria

Está orientada a evitar que el fenómeno ocurra. El objetivo es disminuir toda forma de violencia o abuso, generando las condiciones que lo impidan o hagan más difícil.

Lineamientos generales:

  • Instalar una cultura de cuidado, respeto y transparencia que atraviese toda la vida comunitaria. Adaptar los espacios y rutinas, generando ambientes que brinden
  • Visualizar y contactar las redes de apoyo para prevención del abuso sexual con que cuenta cada centro en su entorno social.
  • Presentar y comprometer con esta Guía a todos los miembros de nuestras comunidades, comenzando con un proceso que en primera instancia abarque a quienes tienen mayor grado de responsabilidad pastoral o formativa, clérigos y laicos, para ir abarcando progresivamente los distintos grados de animación y corresponsabilidad hasta llegar a la totalidad de los miembros.
  • Realizar periódicamente procesos formativos para la capacitación en prevención de abusos sexuales, especialmente en seminarios, casas de formación e instancias de formación eclesial de laicos. También se incluirá esta temática en forma estable en los programas de formación inicial y permanente.
  • Velar por una adecuada selección de los candidatos a los ministerios ordenados y a la vida religiosa, con especial énfasis en su madurez afectivo-sexual. De igual manera se pondrá el mismo esmero a la hora de escoger personas para encomendarles los diferentes ministerios laicales propios de la misión y la vida de la iglesia: catequistas, animadores de grupos y comunidades, pastoral de la salud, etc.

Criterios orientadores para el relacionamiento cotidiano con niños, niñas y adolescentes

  1. Todos los niños, niñas y adolescentes deben ser tratados con igual respeto, evitando cualquier forma de favoritismo o discriminación.
  2. El castigo físico y/o psicológico, en cualquiera de sus formas, es inadmisible en toda circunstancia. Es mejor incentivar que amenazar o avergonzar.
  3. El abuso verbal, físico y/o emocional es inaceptable en cualquiera de sus formas y ante cualquier situación. En ninguna circunstancia es aceptable el uso de sobrenombres, motes, adjetivos y conductas que humillen o ridiculicen.
  4. La narración de chistes o historias de naturaleza sexual, para diversión, deben ser eliminados de la cultura comunitaria. Los temas relacionados con la sexualidad deben ser abordados con naturalidad y respeto.
  5. Las entrevistas personales (diálogos formativos, acompañamiento espiritual, confesiones, etc.) se deben realizar en lugares que permitan la visibilidad por parte de terceras personas: en espacios abiertos, en lugares cerrados con la puerta abierta, o con puerta de vidrios trasparentes.
  6. Es importante la presencia adulta en los espacios recreativos, ocupando lugares estratégicos que permitan tener una visualización amplia de lo que sucede en las actividades que realizan los destinatarios.
  7. En cuanto a los viajes y traslados con niños, niñas y adolescentes se debe observar mucha prudencia. Ningún adulto debe trasladarse en un vehículo solo con un niño, niña o adolescente. Debe solicitar la compañía de un tercero, preferentemente de diferente sexo que el adulto responsable.
  8. En actividades que impliquen dormir fuera del hogar (retiros, encuentros, campamentos) los grupos de niños, niñas y/o adolescentes deben estar en dormitorios diferenciados por sexo, acompañados por dos adultos.
  9. Es aconsejable en relación con la naturaleza de la intervención educativa, no pasar un tiempo desproporcionado con cualquier niño, niña o adolescente.
  10. Ningún adulto (educador, catequista, animador) por ningún motivo suministre alcohol, cigarrillos o drogas a niños, niñas o adolescentes.
  11. Ningún miembro de la Comunidad puede permitirse el uso de alcohol, cigarrillos o drogas mientras esté realizando su tarea, ni encontrarse bajo los efectos de ninguna de esas sustancias.
  12. Cuando se trabaje con niños, niñas y adolescentes, se debe usar un lenguaje adaptado a la Asimismo, el material y las actividades propuestas deben ser conformes a su nivel de madurez.
  13. Cualquier material sexualmente explícito o pornográfico es absolutamente
  14. No corresponde regalar dinero u objetos de valor a un menor en forma particular y reservada, lo que conlleva el peligro de crear dependencia afectiva y/o interpretaciones ambiguas.

Respeto por la integridad física y la intimidad

Las muestras de afecto son un gran estímulo para todas las personas y especialmente para los niños, niñas, adolescentes y adultos más vulnerables en la medida que respeten la dignidad personal y no dejen espacio a interpretaciones ambiguas. Por ello, debe tenerse presente que:

  1. Debe entenderse como inapropiado cualquier contacto físico con los menores que vaya más allá de los propios de un saludo o de los deportes de contacto.
  2. Se debe excluir totalmente muestras de afecto que involucren contacto físico o caricias en partes íntimas.
  3. No es apropiado alzar a un menor en las piernas del adulto, dar masajes, abrazos apretados o por detrás, recostarse o dormir junto a menores.
  4. Evitar practicar juegos que impliquen tocarse en forma inapropiada (lucha – cosquillas).
  5. No deben utilizarse sobrenombres que humillen o ridiculicen y expresiones amorosas como sobrenombre (mi amor, mi vida, cariño, etc.) que puedan dar lugar a interpretaciones erróneas por parte de los menores y de quienes observan esta situación.
  6. Asimismo, se deberán evitar las entrevistas, las llamadas telefónicas y los contactos virtuales en horarios inadecuados y/o que no estén en conocimiento de los adultos de referencia.
  7. Se debe vigilar para que no se establezcan, entre los adultos y los menores, relaciones con perfil posesivo o carácter secreto, que pretendan otorgar exclusividad y privilegios, ya sean éstos de orden material, psicológico o social.
  8. Se debe tener cuidado particularmente cuando los niños o jóvenes están en los vestidores, en las duchas y en los baños.
  9. No permitir tomar fotografías mientras los niños o jóvenes están en los vestuarios o en los baños.
  10. Tareas de naturaleza estrictamente personal (por ejemplo, acompañar para ir al baño, tareas de higiene personal o cambiar ropa) no deben ser efectuadas por los adultos si los niños, niñas y adolescentes pueden hacerlo personalmente por sí
  11. No se brindarán datos personales en relación con cualquier situación de violencia o maltrato, como tampoco con respecto a cualquier otra situación de los niños, niñas o adolescentes sin autorización previa de quienes corresponda.
  12. Se cuidará o supervisará en lo posible, el contenido subido en las redes sociales, evitando todo tipo de comentarios y/o expresiones que agravien a niños, niñas y adolescentes, como a cualquier integrante de la comunidad.
  13. En caso de que algún educador, catequista o responsable pastoral convoque a niños, niñas y/o adolescentes a participar en actividades fuera de la propuesta y del ámbito institucional, deberá asegurarse de que la misma sea conocida por los respectivos padres y/o tutores, asumiendo todo tipo de responsabilidad que de ellas se desprenderán. Esto se aplica también para actividades realizadas en el espacio institucional fuera de los horarios habituales.

Quien tenga conocimiento de que alguna de las conductas descriptas como no apropiadas ocurren en el marco o el espacio de las actividades eclesiales, se encuentra obligado a comunicarlo a la persona responsable de la comunidad o de la institución, a fin de que se tomen las medidas pertinentes.

Criterios institucionales que contribuyen a la prevención

  • Poner en conocimiento de todos los adultos del centro esta Guía.
  • Registrar en forma textual y por escrito, toda situación irregular o extraña que pueda darse en el Centro que involucre algún menor. La autoridad debe notificar por escrito a los adultos eventualmente involucrados. Éstos deberán firmar esa notificación y dejarán por escrito sus observaciones y descargos.
  • Para la selección de personal contratado que estará en contacto con menores en un centro educativo, parroquia u obra social, es necesario:
  • Mantener una entrevista personal con la presencia de terceros (miembro del equipo directivo, psicólogo, u otro integrante de la comunidad).
  • Requerir certificado de buena conducta, currículum, referencias por escrito y verificarlas.
  • Contratar por un período limitado, de prueba, a todo funcionario nuevo y hacer un acompañamiento.
  • Para quienes sean contratados para reemplazos, prácticas profesionales, actividades extracurriculares y voluntarias, se debe seguir el mismo procedimiento.

Prevención secundaria

Apunta a detener el fenómeno en sus fases iniciales.

La detección precoz evita que la actitud inadecuada persista en el tiempo. Líneas de acción:

  • Activar esta Guía como orientadora del Ver capítulo 7: Intervención.
  • Conocer y visualizar las señales que pueden hacer evidente o despierten sospechas de un posible abuso.
  • Contactar e informar a padres, tutores, o adultos de
  • Comunicar a directivos o autoridades responsables, para activar las acciones de protección, resguardando la identidad de las personas.
  • Dialogar en atenta escucha con la posible víctima, en un ambiente de confianza y cuidado, evitando muy especialmente la revictimización.
  • Reforzar el cuidado y la atención de la posible víctima ante las señales detectadas (“agudizar los sentidos”).
  • Indagar la situación desde la percepción de otros adultos del mismo espacio eclesial que interactúan con la persona objeto de abuso, y acudir a especialistas que puedan emitir un informe.

Prevención terciaria

Opera cuando ha ocurrido el abuso. Su objetivo es el amparo de la víctima, su acompañamiento específico para minimizar los efectos futuros del abuso y favorecer la integración a la comunidad, así como la reparación de los múltiples daños sufridos.

Líneas de acción:

  • Reconocer y aceptar que el hecho
  • Tener como primera ocupación la atención y el acompañamiento de la víctima.
  • Tomar las medidas inmediatas necesarias para que el hecho no pueda
  • Contar con resguardo y asesoría

Ver más detalles en el capítulo 7: “Intervención”.

Cuando la persona sospechosa de haber cometido el abuso es un clérigo, debe seguirse de inmediato el Protocolo de actuación ante los casos de abusos de menores aprobado por la Conferencia Episcopal del Uruguay.

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