Introducción

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La Conferencia Episcopal Puertorriqueña entiende que no hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para quienes abusen de menores (cf. discurso de Juan Pablo II a los Cardenales Americanos, 23 de abril de 2002, n.3) y no hay justificación alguna para la comisión de este delito. La Iglesia de Puerto Rico asume el compromiso de afrontar los casos de abuso sexual de menores con los criterios de transparencia y responsabilidad expresados por los romanos pontífices. A todos los afectados por este tipo de conducta contra menores (abusados, familiares y comunidades) les pedimos perdón y los exhortamos a denunciar estos hechos. Así podremos cumplir con caridad y justicia con el deber de dar una respuesta adecuada a estos lamentables casos. Esta respuesta conllevará, tanto la asistencia a las víctimas de tales abusos, así como la formación de la comunidad eclesial en cuanto a la protección de menores. De igual manera, queremos garantizar los derechos subjetivos del denunciado mediante un procedimiento uniforme para todas las diócesis reconociendo que la justicia no se opone a la caridad.

En cuanto a la materia de abuso sexual de menores, se ha tenido en cuenta el cumplimiento de las leyes civiles de Puerto Rico así como las leyes federales, en particular en lo que se refiere a la eventual obligación de dar aviso a las autoridades civiles. Reconocemos el compromiso y la disponibilidad de esta conferencia de obispos a cooperar con la sociedad y con las autoridades del Estado ante el problema del abuso sexual de menores. Esta conferencia de obispos reconoce, entre las importantes y prioritarias responsabilidades de su ministerio episcopal, la protección de niños y jóvenes, además de conservar la integridad del ministerio ordenado. Consideramos que este deber ministerial de proteger a los menores y de evitar el abuso sexual emana de la misión y ejemplo que nos dio el propio Jesucristo, en cuyo nombre servimos. Por esta razón, movidos por el amor a la Iglesia y fieles a las enseñanzas del Señor, queremos hacer cuanto sea necesario para evitar los males que provienen de las graves faltas que algunos clérigos y otros funcionarios eclesiásticos puedan cometer contra menores de edad, especialmente en conductas contra el sexto mandamiento del Decálogo. Reconocemos que esta conducta ofende a Dios, fragmenta la unidad de la Iglesia, causa escándalo en el Pueblo de Dios, especialmente en los más pequeños e indefensos, a la vez que atenta, profundamente, al bien común.

Los obispos que conformamos la Conferencia Episcopal Puertorriqueña, conscientes de nuestra responsabilidad de asegurar el bien común de los fieles, presentamos este “Procedimiento para casos de alegada conducta impropia” así como las “Líneas guías para tratar los casos de abuso sexual de menores cometidos por clérigos”. Estos documentos tienen el propósito de ayudar a los obispos de la Conferencia a seguir procedimientos claros y coordinados en el manejo de los casos de conducta impropia o delictiva, especialmente en materia del abuso sexual de menores. A su vez, servirán para que las presuntas víctimas o victimarios de cualquier delito conozcan sus derechos y obligaciones durante todo el proceso.

Estos documentos contienen los criterios jurídicos y/o pastorales con los que se encausarán los diversos casos en los que se alegue una conducta perpetrada contra los delitos contenidos en el Código de Derecho Canónico de 1983. Además, las “Líneas guías” pretenden facilitar la adecuada implementación de las normas promulgadas por su santidad Benedicto XVI el pasado 21 de mayo de 2010, en la revisión del motu proprio Sacramentorum sanctitatis tutela, sobre las normas concernientes a los delicta graviora (documento acerca de los delitos más graves), incluyendo el abuso sexual de menores por parte de clérigos.

En cuanto a esta materia delictiva se refiere, los obispos de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña nos comprometemos a la realización de procesos jurídicos animados por la transparencia. Los procesos en los que se investiguen alegaciones de abuso sexual de menores serán realizados con la debida agilidad e implementando fielmente el protocolo aquí presentado. A todas las personas involucradas en este tipo de casos se les respetará para que tengan un proceso justo de acuerdo con la ley canónica.

Al pueblo santo de Dios que peregrina en la Iglesia de Puerto Rico lo exhortamos a intensificar su oración de acción de gracias por esa inmensa mayoría de clérigos que regalan su vida al Señor y con fidelidad realizan su ministerio en favor de las almas. Oremos y animemos a nuestro clero para que no se desanime, siga creciendo en santidad, y encuentre en sus fieles y pastores una compañía cercana en su identificación con Jesucristo.

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