4. Un ambiente saludable en nuestras instituciones Lectura estimada: 4 minutos 1 vistas Líneas Guía de América · Uruguay4. Un ambiente saludable en nuestras instituciones Espacios y agentes En el cumplimiento de su misión evangelizadora, la Iglesia desarrolla tareas en diversos ámbitos: parroquias, instituciones de educación formal y no formal, obras sociales de asistencia y promoción. En esos espacios hay quienes tienen responsabilidades y tareas específicas: sacerdotes y diáconos; religiosas, religiosos y otras personas consagradas; catequistas, animadores y otros agentes pastorales; docentes, profesionales y funcionarios que cumplen una gran variedad de servicios. Son también lugares de vida comunitaria que se expresa en momentos de culto, encuentros, reuniones, clases, en los que participan con mayor o menor frecuencia personas que tienen diferentes grados de vinculación con la institución eclesial. Los centros educativos tienen, de por sí, una actividad cotidiana intensa que involucra en diferente medida a todos los miembros de la comunidad educativa: educandos, docentes, funcionarios, familias. Los centros parroquiales, capillas y obras sociales tienen actividades en horarios variados: catequesis de niños; distintos grupos de adolescentes, jóvenes y adultos; reuniones de distintos organismos y movimientos eclesiales; CAIF, Club de Niños, Centro Juvenil, etc. Objetivos Cada uno de los espacios en los que se realiza la actividad de la Iglesia debe ser un entorno seguro y saludable para todos sus miembros y especialmente para los niños y jóvenes, donde todos puedan desarrollarse plenamente. Para lograrlo, es necesario que los distintos actores se impliquen activamente para generar una convivencia saludable, garantizando la existencia de entornos físicos adecuados y la creación de un ambiente de bienestar emocional y social positivo. Ambiente saludable Algunos autores reconocen tres dimensiones de un ambiente educativo saludable, también aplicable al ambiente de las actividades pastorales o de promoción social. La dimensión física vela por la infraestructura e higiene, vigila que la iluminación, la calefacción y la ventilación sean apropiadas y procura crear un entorno atractivo y una superficie adecuada para el número de personas que se atiende. La dimensión emocional (o psíquica) atiende al clima en el centro y es sensible a las señales emitidas por los destinatarios; utiliza una metodología didáctica que potencia la autoestima, la participación y la capacidad para la toma de decisiones; evita las situaciones amenazantes o de riesgo. La dimensión social procura el desarrollo de actividades que favorecen las relaciones personales, la potenciación de una visión crítica y solidaria con el medio, el reconocimiento del papel ejemplificador de los adultos y finalmente, la promoción de hábitos de vida saludable. La dimensión ética apunta a formar un ambiente que educa a la libertad, la responsabilidad y la solidaridad, formando el sentido crítico y contribuyendo a desarrollar la autonomía de la persona, que va haciéndose protagonista de su propia formación y adquiriendo hábitos de convivencia basados en el respeto, la mutua colaboración y la atención a los más débiles. La dimensión espiritual integra todo lo anterior en una perspectiva de fe, fortalecida en la constante referencia a la Palabra de Dios y a la posibilidad de encuentro con Cristo, en quien todos los valores humanos encuentran su plena realización y unidad. Promoción de hábitos saludables Cada una de nuestras obras es un ámbito educativo-evangelizador. Como tal tiene un lugar en la misión de la Iglesia y está llamada particularmente a cuidar la vida. Nuestros centros pastorales o educativos necesitan plantearse estrategias, fundamentalmente pedagógicas, para detectar y prevenir situaciones de maltrato y abuso sexual. Por el tiempo que el niño permanece en esos espacios y fundamentalmente por el vínculo de confianza que entabla con sus pares y con los responsables docentes o pastorales, los centros se constituyen en un ámbito privilegiado para la detección y revelación de situaciones de abuso, mediante la escucha del relato o la apreciación de signos y síntomas. En los centros educativos, sociales y pastorales es siempre posible desarrollar aún más las acciones de promoción de hábitos saludables, cultura del buen trato, derechos de la infancia, convivencia entre los niños y con sus familias, enmarcadas en los valores del Evangelio. De este modo se contribuye al desarrollo de vínculos y formas sanas de relacionarse y resolver conflictos. La vida cotidiana de las instituciones es un ámbito donde es posible interrumpir los discursos, lenguajes y sistemas de creencias que sostienen los circuitos de abuso. De ahí la importancia del clima educativo como parte de las estrategias pedagógicas que apuntan a la prevención de situaciones de abuso o violencia.