Apéndice 1: Cómo se construye una comunidad (Mateo 18)

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Lo que más le interesa a Jesús en sus instrucciones, según el evangelista Mateo, es inculcar principios, de los cuales se desprende toda una serie de actitudes y comportamientos.

(1) El punto de partida para la convivencia es la conversión personal (18,1-4)

El marco es la pregunta sobre quién es el mayor (la autoridad) en la comunidad, lo que significa quién es el que puede considerarse maduro y capaz de guiar a sus hermanos. En el centro se da la respuesta con una frase contundente: “Si no cambian”. La actitud fundamental para construir una comunidad es la conversión permanente y esto es lo que se espera de quien está al frente de ella. Jesús coloca un niño en medio y lo propone como el modelo de la persona que sabe hacer comunidad: un niño es el que hace un camino de crecimiento, el que sigue las etapas lentas y firmes de maduración.

(2) La atención prioritaria a la vulnerabilidad del “pequeño” (18,5-10)

Los “pequeños” en la comunidad de Mateo eran los recién convertidos. Esto incluye también a quienes comienzan el camino de la fe, por lo tanto, a los niños. Sucedía dos eventualidades: a) Algunas actitudes de los más “viejos” en la comunidad escandalizaban a los nuevos miembros (que esperaban ver ejemplos del evangelio en los “mayores”); b) Algunos se permitían despreciar a los recién convertidos recordándoles su vida pasada y negándoles espacios en la comunidad. En ambos casos estos “pequeños” se desanimaban y desertaban desilusionados de la comunidad de fe. Jesús dice: ¡no escandalizar (6), no menospreciar (10)!

(3) La comunidad es buena pastora de todos sus miembros (18,12-14)

En Lucas el buen pastor es Jesús (Lc 15,4-7). Mateo, por su parte, le da un enfoque comunitario a la parábola: toda la comunidad es responsable de cada uno de sus hermanos.

  • Cómo se hace la recuperación del hermano que cae en pecado (18,15-17) Jesús nos dice cómo enfrentar situaciones difíciles en la vida comunitaria,

particularmente cuando se sabe que un hermano “llega a pecar” llevando una vida fuera de los criterios de un discípulo de Jesús. El texto recuerda que es un “hermano” (15a)… y que lo que se busca es “ganarlo”, recuperarlo (por lo tanto, su salvación: 15b).

La experiencia muestra que hay casos difíciles que resisten a la conversión, se trata de aquellos que se hacen los sordos (notar la repetición del término “escuchar”). Se propone entonces el camino de la paciencia y de la firmeza comunitaria: a) Llamar la atención a solas; b) Objetivar: si la persona continúa tercamente en su comportamiento, entonces se invitan unos testigos para que quede claro de que no es “sólo una visión subjetiva” o mala intención contra la persona, sino que es algo que ocurre realmente; c) Llamar la atención formalmente: el máximo nivel de corrección que es la comunidad entera (seguramente representada por los que la dirigen).

Ahora bien, si todo el proceso fracasa no queda más remedio que darle el trato propio de una persona que aún no se ha convertido (“como los gentiles y publicanos”), esto es: mandarlo a hacer todo el camino cristiano desde el principio.

Es importante la prudencia en las decisiones de la comunidad con relación a las personas (18). Se les recuerda que cualquier decisión que tomen es seria (lo que hagan en la tierra quedará en el cielo), de ahí que no se deban tomar decisiones aceleradamente sino siempre con cautela.

  • La comunión en la oración, como expresión de la solidaridad, en todos los aspectos de la vida (18,19-20): si “se ponen de acuerdo para pedir… allí estoy yo”.

Cuando la comunidad está bien unida y compacta en una misma fe (expresada en un “mismo pedido”), acontece en ella la presencia del Señor Resucitado. La unidad de la comunidad expresa la comunión perfecta con Jesús viviente en medio de ella.

  • Una escuela sobre el perdón (18, 21-35) Perdonar es lo más específico de toda relación, en ella se juega la edificación o la destrucción de la comunidad (de entrar en el “Reino” 18,23). Nos hace meditar sobre la: a) cantidad: “setenta veces siete”, o sea, siempre (disponibilidad permanente, no poner límites); b) cualidad: “Perdonar de corazón a su hermano” (35).

Una persona le dice a otra: “¡Paga lo que debes!” (28a). “Un denario” corresponde a la paga de un día que recibe un trabajador. “Diez mil talentos” era una deuda casi un millón de veces más alta. ¿Por qué perdonar? Porque somos conscientes de que hemos sido perdonados por el único Señor (27). Ninguno de nosotros es perfecto, todos tenemos nuestras debilidades, y con relación a nuestro lado flaco, muy probablemente más de una vez otros han tenido misericordia con nosotros.

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