1. El abuso sexual

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El abuso sexual es el acto o los actos de naturaleza sexual3 impuestos4 por un adulto sobre un menor de edad o una persona vulnerable. Ante la ley es un delito; sobre ese aspecto trata el capítulo 6 de esta Guía.

Menor de edad, en las normas de la Iglesia5 es la persona de uno u otro sexo que no ha cumplido los 18 años. Se entiende que, por su condición, no ha alcanzado el desarrollo emocional, cognitivo ni el grado de madurez suficiente para dar un consentimiento pleno, libre y consciente acerca del o los actos en cuestión6.

Adulto o mayor de edad es la persona que ha cumplido 18 años. Por persona vulnerable se entiende:

  • a). La persona legalmente equiparada al menor debido a desórdenes mentales o cognitivos que no le permiten tomar decisiones conscientes sobre cuestiones importantes y por lo tanto no puede tener la plena responsabilidad de sus propias acciones. El derecho canónico la define como quien “carece habitualmente de uso de razón”.7
  • b). “Cualquier persona en estado de enfermedad, de deficiencia física o psicológica, o de privación de la libertad personal que, de hecho, limite incluso ocasionalmente su capacidad de entender o de querer o, en cualquier caso, de resistir a la ofensa.”8 9

La habilidad para involucrar al menor en una vinculación de tipo sexual está basada en la posición dominante y de poder que tiene el abusador sobre la víctima, y que contrasta con la vulnerabilidad y dependencia que ésta tiene. Autoridad y poder son, entonces, los dos elementos que permiten coaccionar implícita o directamente al menor para lograr su participación en la actividad sexual.

El menor es vulnerable por su condición de tal, pero lo es mucho más si desconoce medidas de autoprotección elementales, si está desprotegido, si pertenece a una familia disfuncional, con alto nivel de conflicto, negligente en el cuidado de los más pequeños, sin ejercer ninguna supervisión sobre ellos. El abuso sexual de un niño o un adolescente puede ser extra o intrafamiliar, implicando este último muchas veces mayor daño psicológico, por el nivel de conflicto de lealtades que se juegan en el interior de la familia.

El abuso sexual sobre un menor no suele ser un hecho aislado; por el contrario, para constituirse como tal necesita de un proceso de vinculación especial entre los participantes. No se trata de una situación en la que intervienen únicamente dos actores, abusador y víctima. Es un triángulo que se completa con quienes están en la situación de percibir signos de lo que puede estar sucediendo: miembros de la familia, educadores, responsables de actividades pastorales, autoridades, etc. El silencio o indiferencia del tercer actor hace posible la continuación de la situación de abuso.

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