Introducción

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1. «Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él» (1Co 12, 26). Este es el sentir de toda la Iglesia ante los escandalosos, vergonzosos y tristes acontecimientos de abusos a menores de edad y personas vulnerables, perpetrados por clérigos y demás agentes pastorales en diferentes lugares del Pecado por el cual el mismo Jesús ha dicho:

«Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños» (Lc 17, 2).

Se ha traicionado la voluntad de Dios cuando en voz del profeta se manifestaba: «Les daré Pastores según mi corazón» (Jer. 3, 15). …Pondré al frente de ellas pastores que las apacienten, y nunca más estarán temerosas ni asustadas» (Jer. 23, 4).

Y a ellos también Dios les dice por boca del profeta: «¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! […] No han fortalecido a las ovejas débiles, […] sino que las han dominado con violencia y dureza. Y ellas se han dispersado, por falta de pastor, y se han convertido en presa de todas las fieras del campo; andan dispersas» (Ez. 34, 2,4-5).

«¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ustedes ciertamente no entran; y a los que están entrando no los dejan entrar» (Mt. 23, 13).

El mismo Papa Benedicto XVI, ante esta tragedia respecto a los clérigos expresaba:

«me resulta difícil comprender cómo es posible que algunos sacerdotes hayan podido fallar de ese modo en su misión de llevar consuelo, de llevar el amor de Dios a esos niños».

2. Hace veinte siglos que existe la Iglesia. No le han faltado dificultades, ataques y persecuciones desde el exterior, ni tempestades desde su interior que hubieran debido aniquilarla… pero no se extingue. En ella coexisten la santidad del Espíritu y el pecado de los hombres que la constituimos. Ella existe en último término por una decisión de la voluntad de Dios. El mismo Jesús nos ha prometido su asistencia: «he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt. 28, 20). Por ello, la Iglesia no solo permanece, sino que se renueva y purifica continuamente desde sus errores e incoherencias humanas y mira al futuro con esperanza.

“La esencia de la Iglesia está en su misión de servicio al mundo, en su misión de salvarlo en totalidad y de salvarlo en la historia, aquí y ahora. La Iglesia está para solidarizarse con las esperanzas y gozos, con las angustias y tristezas de los hombres”. Está llamada a servir a la humanidad pero responde a un proyecto no elaborado por la humanidad, ella continúa la misión de Jesús y “como una madre amorosa, ama a todos sus hijos, pero cuida y protege con un afecto muy particular, a los más pequeños e indefensos: se trata de una tarea que Cristo ha confiado a toda la comunidad cristiana en su conjunto. Consciente de ello, la Iglesia dedica un cuidado vigilante a la protección de los niños y de los adultos vulnerables”.

Forma parte de la buena noticia y de su misión la acogida que el Salvador da a los niños: «Dejen que los niños vengan a mí y no se lo impidan… Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos» (Mc. 10, 14 y 16). Estamos llamados a cuidarlos, protegerlos y acompañarlos en su camino de fe.

3. Cada menor de edad y adulto vulnerable, toda persona humana, es creatura de Dios y el elemento que la caracteriza y la distingue es su ser a imagen de Dios (cf. Sal 139,14- 18; 1,27; 2,7). La dignidad de la persona humana vuelve a ser, hoy como siempre, el punto de referencia indispensable. Este término, “dignidad”, indica un atributo común a todos los hombres, sin el reconocimiento del cual no puede hablarse de libertad, justicia o paz. “El respeto de la persona humana implica el de los derechos que se derivan de su dignidad de criatura” (CEC n. 1930).

4. Cuando el abuso a un menor de edad o adulto vulnerable es cometido por un clérigo, no sólo se daña la dignidad e integridad de la víctima, también se profana el ministerio sagrado conferido por el sacramento del Orden (sacrilegio).

5. Buscando la protección de los menores de edad, nos adherimos, como ha hecho la Santa Sede, a los artículos 3 y 19 de la Convención de la Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, así como también lo ha hecho la República de Cuba respecto a este instrumento internacional, nación donde nuestra Iglesia despliega su labor evangelizadora y caritativa y conforme a la postura de los Sumos Pontífices expresadas en las siguientes palabras:

“No hay lugar en el sacerdocio y en la vida religiosa para aquellos que dañan a los jóvenes”.

“Excluiremos rigurosamente a los pederastas del sagrado ministerio. Es absolutamente incompatible y quien es realmente culpable de pederastia no puede ser sacerdote… es más importante tener buenos sacerdotes que muchos sacerdotes”.

“Se debe continuar haciendo todo lo posible para erradicar de la Iglesia el flagelo del abuso sexual de menores, y abrir un camino de reconciliación y curación para quien ha sufrido abusos.

…Las familias deben saber que la Iglesia no escatima esfuerzo alguno para proteger a sus hijos, y tienen el derecho de dirigirse a ella con plena confianza, porque es una casa segura. Por tanto, no se podrá dar prioridad a ningún otro tipo de consideración, de la naturaleza que sea, como, por ejemplo, el deseo de evitar el escándalo, porque no hay absolutamente lugar en el ministerio para los que abusan de los menores.

Corresponde a los obispos diocesanos y a los superiores mayores la tarea de verificar que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia se garantice la seguridad de los menores y los adultos vulnerables”9.

6. El abuso sexual es la expresión de un fenómeno más complejo, porque implica una red de circunstancias que van confluyendo hacia una situación en la cual la víctima es cada vez más vulnerable. Centrarnos solo en este fenómeno sería tener una mirada reductiva hacia él, obviando la necesidad de identificar y sanar las raíces que lo El abuso sexual es un punto de llegada, no un inicio.

7. Nuestro mundo es asimétrico, y la asimetría implica a la vez una situación de poder para unos y una situación de vulnerabilidad para La solución no está, en principio, en la eliminación de la asimetría, por demás necesaria, sino en la voluntad de poner dicha asimetría en función de servicio y no de dominio.

El camino hacia el abuso sexual comienza con el mal uso del poder, que lleva a la manipulación de la conciencia del otro que, una vez sometido (por miedo, por ignorancia, por inmadurez, por “fascinación” con una figura aparentemente mística o espiritual, etc.), entra en una situación de vulnerabilidad que permite al agresor manipular a la persona y utilizarla a su antojo, creando un ambiente abusivo que puede llegar incluso a normalizarse y que deja a la víctima sin recursos para romper la situación creada.

8. Por eso, en las presentes líneas guías entendemos la palabra “abuso” no en sentido exclusivo y reductivo de “abuso sexual” (a excepción del Capítulo II: Actuación y procedimientos ante casos de abusos sexuales), sino en el sentido amplio de abuso sexual, de conciencia y de poder, como reiteradamente ha manifestado el Santo Padre Francisco10, referido especialmente a niños y personas vulnerables.

Estas directrices para la prevención, actuación y procedimientos ante casos de abusos de menores de edad y personas vulnerables están destinadas al uso en todas las Diócesis de Cuba como instrumento de formación para todos los miembros del ministerio ordenado y los que están en vías de ordenación, agentes de pastoral, empleados y voluntarios.

Con ellas expresamos la solicitud pastoral de la Iglesia en Cuba para prevenir de tan magna injusticia, cooperando con la sociedad y las autoridades del Estado ante el complejo problema de los abusos en lo que resulte pertinente y ratificando así la disposición de la Iglesia de que sus miembros actúen con transparencia y responsabilidad ante la ocurrencia de tales hechos.

9. Gracias a Dios, en nuestra tierra cubana, la inmensa mayoría de nuestros sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y catequistas llevan a cabo una labor admirable en la misión del anuncio del Evangelio a las personas confiadas a sus cuidados pastorales. La cercanía de los pastores con las ovejas más pequeñas, los menores de edad, es de gran afecto y cariño, como es propio de nuestra cultura caribeña.

A ellos los exhortamos a que sigan trabajando con amor evangélico y naturalidad, sin condicionamientos por la penosa situación expuesta. La paternidad espiritual y la fraternidad deben caracterizar siempre el servicio del pastor, pero vigilantes y prudentes en la purificación de las motivaciones misioneras y caritativas; y en aquellos casos en los que se haya dado este delito o se esté perpetrando, les referimos las siguientes palabras del Papa Benedicto XVI: “los exhorto a examinar su conciencia, a asumir la responsabilidad de los pecados que han cometido y a expresar con humildad su pesar. El arrepentimiento sincero abre la puerta al perdón de Dios y a la gracia de la verdadera enmienda. Deben tratar de expiar personalmente sus acciones ofreciendo oraciones y penitencias por aquellos a quienes han ofendido. El sacrificio redentor de Cristo tiene el poder de perdonar incluso el más grave de los pecados y de sacar el bien incluso del más terrible de los males. Al mismo tiempo, la justicia de Dios nos pide dar cuenta de nuestras acciones sin ocultar nada. Admitan abiertamente su culpa, sométanse a las exigencias de la justicia, pero no desesperen de la misericordia de Dios”11.

10. Con el fin de que podamos entender de manera sistemática los principales términos a que se hace referencia en estas líneas guías podemos definir como:

    1. Abuso: toda extralimitación de las funciones propias del oficio por parte de clérigos, siempre que contengan manifestaciones inapropiadas de naturaleza
    2. Personas vulnerable: cualquier persona en estado de enfermedad, de deficiencia física o psicológica, o de privación de la libertad personal que, de hecho, limite incluso ocasionalmente su capacidad de entender o de querer o, en cualquier caso, de resistir a la ofensa12.
    3. CEC: el Catecismo de la Iglesia Católica.
    4. CIC: el Código de Derecho Canónico.
    5. Material pornográfico infantil: cualquier representación de un menor, independientemente de los medios utilizados, involucrado en actividades sexuales explícitas, reales o simuladas, y cualquier representación de órganos sexuales de menores con fines predominantemente sexuales.
    6. Menor: cualquier persona con una edad inferior a dieciocho años o legalmente equiparada a ella.

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