Mensaje del Papa León XIV al Congreso 2026 de CEPROME, sobre la atención a los abusos sexuales en la Iglesia

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Queridos hermanos y hermanas,

estimados pastores de la Iglesia peregrina en América Latina,

representantes de Ceprome:

Acojo y saludo el camino que hoy emprenden juntos, un camino que toca una de las heridas más profundas y dolorosas del Cuerpo de Cristo. Este itinerario se presenta como un signo auténtico de renovación y como un compromiso concreto con todas las víctimas y con la misma Iglesia. No se trata de un ámbito especializado, reservado a unos pocos expertos, sino de una dimensión esencial de la misión evangelizadora de la Iglesia, que interpela la conciencia de cada pastor y de cada comunidad eclesial.

Este congreso, que se celebra en San José de Costa Rica en estos primeros días del mes de marzo, expresa de modo concreto el compromiso de la Iglesia en esta región. Agradezco de manera especial a la Conferencia Episcopal de Costa Rica, que participa activamente en este encuentro con la presencia de representantes de sus diversas diócesis, ofreciendo así un valioso testimonio de comunión, corresponsabilidad y cercanía pastoral.

El camino de reparación al que la Iglesia está llamada no puede reducirse a una serie de cumplimientos formales. Exige, por el contrario, una verdadera conversión en la justicia: personal, pastoral e institucional. Los responsables de las Iglesias locales tienen en este proceso una responsabilidad particular e indelegable. Están llamados no solo a garantizar normas y procedimientos, sino a asumir en primera persona una cultura del cuidado capaz de prevenir el abuso, de escuchar a las víctimas y de dar testimonio de la ternura de Cristo, transformando las heridas en rendijas de esperanza.

Las lecciones aprendidas en los últimos años han mostrado con claridad que, allí donde los obispos y los superiores mayores asumen este compromiso como parte integrante de su ministerio, la Iglesia se vuelve más creíble, más humana y más evangélica. En este horizonte, Ceprome está llamada a ser no solo un centro de formación, sino también un espacio de convergencia eclesial, capaz de acompañar a las Iglesias particulares en un proceso continuo de maduración.

La colaboración con el CELAM y la CLAR resulta, por tanto, decisiva. Solo uniendo la responsabilidad pastoral de los obispos, la riqueza carismática de la vida consagrada y las competencias interdisciplinarias será posible construir respuestas verdaderamente inculturadas, sostenibles y orientadas al bien integral de las personas.

Este diálogo, sin embargo, no puede ser únicamente jerárquico, porque la prevención auténtica nace de la escucha y de la comprensión. Escuchar a las víctimas no es un gesto opcional, sino un acto de justicia y de verdad. De esa escucha brotan políticas creíbles, procesos integrales de reparación, estructuras de responsabilidad y mecanismos de rendición de cuentas. La reparación, en la Iglesia, no puede separarse ni de la misericordia ni del respeto a la ley, pero tampoco reducirse solo a ellos. Requiere una visión eclesial clara, fundada en la verdad, la asunción de responsabilidades y el acompañamiento perseverante en el tiempo.

Se trata de un camino exigente, que reclama el valor de tomar decisiones audaces, valientes y sostenidas con constancia. Todo ello es necesario para cuidar a nuestros hermanos y hermanas heridos y para perseverar en el compromiso común de protección y de cuidado.

Por ello, me complace acompañar este momento de trabajo y de comunión que los ha reunido para cumplir esta misión. Los encomiendo al Espíritu Santo, para que los guíe en una colaboración cada vez más fecunda. Los animo a perseverar sin desanimarse ante las dificultades, recordando que cada paso auténtico hacia la verdad y la reparación es ya un signo de esperanza para la Iglesia y para el mundo.

Que Nuestra Señora de los Ángeles acompañe este camino de cuidado y de renovación.

Fraternalmente,

León PP. XIV

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