Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a los Obispos de las Provincias Eclesiásticas de Boston Y Hartford (EE UU) en visita “Ad Limina”

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Jueves 2 de septiembre de 2004 

5. En diversas ocasiones, durante estos encuentros, os he expresado mi admiración por la notable contribución que la comunidad católica de Estados Unidos ha dado a la difusión del Evangelio, a la solicitud por los pobres, los enfermos y las personas necesitadas, y a la defensa de los valores humanos y cristianos fundamentales. Hoy deseo alentaros a vosotros y, a través de vosotros, a todos los católicos de Estados Unidos a seguir dando testimonio fiel de la verdad de Cristo y de la fuerza de su gracia para inspirar sabiduría, reconciliar las diferencias, sanar las heridas y abrir un futuro de esperanza. La Iglesia en vuestro país se ha visto probada por los acontecimientos de los dos últimos años, y con razón se han realizado muchos esfuerzos para comprender y afrontar las cuestiones del abuso sexual que han ensombrecido su vida y su ministerio. Mientras seguís afrontando los importantes desafíos espirituales y materiales que vuestras Iglesias locales están experimentando a este respecto, os pido que animéis a todos los fieles -sacerdotes, religiosos y laicos- a perseverar en su testimonio público de fe y esperanza, para que la luz de Cristo, que jamás puede extinguirse (cf. Jn 1, 5), siga brillando en la vida y en el ministerio de la Iglesia, y a través de ellos.

De modo particular, os pido que apoyéis firmemente a vuestros hermanos sacerdotes, muchos de los cuales han sufrido profundamente a causa de las debilidades, a las que se ha dado mucha publicidad, de algunos ministros de la Iglesia. También quisiera pediros que transmitáis mi gratitud personal por el servicio generoso y desinteresado que caracteriza la vida de tantos sacerdotes norteamericanos, así como mi profundo aprecio por sus esfuerzos diarios para ser modelos de santidad y de caridad pastoral en las comunidades cristianas confiadas a su cuidado.

En verdad, la renovación de la Iglesia está relacionada con la renovación del sacerdocio (cf. Optatam totius, 1). Por esta razón, os pido que hagáis todo lo posible por estar presentes como padres y hermanos entre vuestros sacerdotes, por mostrar sincera gratitud por su ministerio, por uniros frecuentemente a ellos en la oración y por estimularlos en la fidelidad a su noble vocación de hombres consagrados totalmente al servicio del Señor y de su Iglesia. En una palabra, ¡decidles a vuestros sacerdotes que yo los llevo en mi corazón!

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