Discurso Del Papa Juan Pablo II a Los Obispos De La Región Eclesiástica De Pensilvania Y Nueva Jersey (EE UU) en visita “Ad Limina”

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Sábado 11 de septiembre de 2004 

Durante nuestros encuentros, muchos habéis expresado vuestra preocupación por la crisis de confianza en los responsables de la Iglesia, provocada por los recientes escándalos relacionados con abusos sexuales, por la exigencia generalizada de fiabilidad en el gobierno de la Iglesia en todos los niveles, y por las relaciones entre los obispos, el clero y los fieles laicos. Estoy convencido de que hoy, como en cualquier otro momento crítico de su historia, la Iglesia encontrará los recursos para una auténtica renovación de sí misma en la sabiduría, el discernimiento y el celo de obispos excepcionales por su santidad. Reformadores santos como Gregorio Magno, Carlos Borromeo y Pío X comprendieron que la Iglesia sólo se “re-forma” auténticamente cuando vuelve a sus orígenes con una asimilación consciente de la Tradición apostólica y una revaloración purificadora de sus instituciones a la luz del Evangelio. En las actuales circunstancias de la Iglesia en Estados Unidos, esto supondrá un discernimiento espiritual y una crítica de ciertos estilos de gobierno que, aun con una legítima preocupación por una buena “administración” y una supervisión responsable, pueden correr el riesgo de alejar al pastor de los miembros de su grey y ofuscar su imagen como su padre y hermano en Cristo.

3. A este respecto, el Sínodo de los obispos reconoció la necesidad que tiene actualmente todo obispo de cultivar “un estilo pastoral cada vez más abierto a la colaboración de todos” (Pastores gregis, 44), fundado en una clara comprensión de la relación entre el sacerdocio ministerial y el sacerdocio común de los bautizados (cf. Lumen gentium, 10). Aunque el obispo mismo sigue siendo responsable de las decisiones autorizadas que está llamado a tomar en el ejercicio de su gobierno pastoral, la comunión eclesial “supone también la participación de todas las categorías de fieles, en cuanto corresponsables del bien de la Iglesia particular, de la cual ellos mismos forman parte” (Pastores gregis, 44). Dentro de una correcta eclesiología de comunión, el esfuerzo por crear mejores estructuras de participación, consulta y responsabilidad común no debe ser mal entendido como una concesión a un modelo secular y “democrático” de gobierno, sino como un requisito intrínseco del ejercicio de la autoridad episcopal y un instrumento necesario para fortalecer esta autoridad.

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